Los ETF y los Fondos Mutualistas comparten el mismo objetivo básico —diversificar la inversión agrupando el dinero de múltiples inversores— pero difieren radicalmente en cómo se negocian y en su estructura de costos. Un ETF cotiza en bolsa como una acción, con precios que fluctúan durante todo el día de mercado, mientras que un fondo mutualista se compra y vende una única vez al día, al precio de cierre.
Esta diferencia estructural también impacta los costos: los ETF suelen tener ratios de gastos mucho más bajos (0.03%-0.50%) frente a los fondos mutuales (0.50%-2.00%), además de mayor eficiencia fiscal gracias a su mecanismo particular de creación y redención.