Las Opciones y los Futuros son dos de los instrumentos derivados más utilizados para especular o cubrir posiciones, pero difieren en un aspecto fundamental: la obligación. Un contrato de opciones otorga el derecho, pero no la obligación, de comprar o vender un activo a un precio determinado. Un contrato de futuros, en cambio, obliga a ambas partes a cumplir la transacción en la fecha de vencimiento, sin excepción.
Esta diferencia estructural define el perfil de riesgo de cada instrumento: en opciones, el comprador arriesga únicamente la prima pagada, mientras que en futuros, ambas posiciones enfrentan un riesgo potencialmente ilimitado sin protección incorporada.