Las Acciones y los Bonos son los dos pilares fundamentales de cualquier cartera de inversión diversificada, y representan formas opuestas de participar en la economía. Comprar acciones te convierte en propietario parcial de una empresa, con derecho a sus ganancias futuras pero también expuesto a su volatilidad. Comprar bonos te convierte en prestamista de un gobierno o empresa, recibiendo pagos de interés predecibles a cambio de asumir menor riesgo.
Esta diferencia fundamental explica por qué las acciones han generado históricamente retornos promedio de 8-10% anual frente al 2-5% de los bonos, pero también por qué los bonos siguen siendo indispensables para inversores que priorizan la estabilidad sobre el crecimiento.